El extraño caso del científico que casi queda sordo por cerrar la tapa del inodoro. PDF Imprimir Correo
Escrito por ElPutoAmo!   
Viernes, 06 de Abril de 2018 15:34

¿A quién no le ha pasado? La cisterna no funciona, el agua no para de correr, y hay que destapar el tanque del inodoro para arreglar el dichoso mecanismo. En esta situación se encontraba el físico Philip Metzger de la NASA cuando una serie de eventualidades casi lo deja sin audición.

Según cuenta el propio Metzger en un hilo de tuits, ya había terminado de reparar la válvula del inodoro cuando la tapa del tanque se deslizó de entre sus dedos y golpeó el borde de la taza antes de tocar el suelo. La tapa no se rompió, pero Metzger estuvo cerca de quedarse sordo. ¿Sordo? ¿Por el golpe de la tapa del WC? Sí, pero no fue cualquier golpe: fue el golpe perfecto.

“El sonido me dejó aturdido”, explica Metzger. “Salí tambaleándome del baño y caí de rodillas en la sala de estar, preguntándome qué había pasado. Era surrealista. Tuve que probar mi audición porque noté algo extraño”.

“Comm check, 1, 2, 3 —se dijo a sí mismo, imitando a los comandantes del transbordador espacial—; do, re, mi, fa, sol, la, si, do”. Su voz sonaba como si estuviera hablando a través de un kazoo, pero solo en ciertas frecuencias. De alguna forma, la tapa del tanque había dañado su audición. Pero ¿cómo, si la caída había sido de unos 20 centímetros? Metzger sacó la calculadora.

Tratándose de un físico, Metzger sabía que el primer paso era averiguar la velocidad del sonido en la cerámica, el material del que estaban hechas la tapa y la taza del inodoro. Respuesta: unos 4000 metros por segundo. Lo siguiente fue determinar la frecuencia del sonido, para lo que calculó la longitud de onda de la vibración que causó el golpe de la tapa en la taza.

Puesto que el sonido ocurrió en un medio delimitado (la tapa del tanque), usó la ecuación de las ondas estacionarias. Normalmente, la frecuencia es igual a la velocidad dividida por la longitud de onda, pero esta onda viajó de un extremo a otro de la tapa y rebotó de nuevo hacia el otro extremo, así que Metzger dividió la velocidad por la longitud de la tapa, y luego dividió por dos para obtener la frecuencia: 3,5 kHz o 3500 ciclos por segundo.
El problema es que la tapa del tanque no se rompió al caer, por lo que casi toda la energía del impacto se canalizó hacia el sonido. Además, la tapa era cóncava, así que actuó como una antena que enfocó esa energía hacia la cara de Metzger. Para colmo, la onda estaba limitada a unas frecuencias específicas (3,5 kHz y sus armónicos), de manera que toda su energía se concentró en puntos específicos de la cóclea en el oído interno de Metzger.

“La onda de presión es más fuerte dentro de la cóclea en función de la frecuencia”, explica Metzger. “Como la tapa del WC puso toda la energía en frecuencias específicas, se concentró en puntos específicos de la cóclea. Aparentemente, esta concentración de energía fue suficiente para dañar los receptores del oído, y me preocupaba que pudiera ser permanente”.

Según la altura desde la que cayó, la distancia a la que estaba su cara (unos 50 centímetros) y el hecho de que la taza era de porcelana, así que apenas amortiguó el golpe, Metzger calcula que el sonido se produjo con una intensidad de 138 decibelios. Eso está en el límite del daño permanente de audición, y por encima del ruido que produce un avión al despegar.

Pero además, todo ese sonido se había concentrado en bandas estrechas de frecuencias determinadas por la resonancia con la cerámica, por lo que el resultado fue mucho peor que un sonido de banda ancha al mismo nivel de intensidad. “Lo que lo hizo peligroso fue la rigidez de la superficie cerámica en la que rebotó y el hecho de que no se rompió”, dice Metzer. “Más energía se canalizó en el sonido en lugar de romper enlaces moleculares”.

Dentro de lo que cabe, tuvo suerte. 48 horas después del incidente, su audición empezó a mejorar: no había daño permanente. “Cuando dirigía el laboratorio KSC Swamp Works de la NASA, fui responsable de la seguridad del laboratorio, incluida la protección auditiva. Nunca hubiera imaginado que tirar la tapa de un inodoro podría arruinar tu audición”, concluye. Cuídense, amigos. La física te embiste cuando menos te lo esperas.

Via: https://es.gizmodo.com/la-extrana-cadena-de-coincidencias-que-casi-deja-sordo-1825018887

El extraño caso del científico que casi queda sordo por cerrar la tapa del inodoro.
 

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